29 de noviembre de 2014

Relato #3.- El Aliento.





RICARDO MENA -.





I.
Era sangre lo que corría por las venas de mi madre

                   cuando me tuvo en su vientre durante tantos meses

Como siglos hace que no veo el mar infinito. Hora de despedirse.


II.
Es sangre tintada lo que corre por mis venas ahora

                  que mi madre está muerta y mi padre y mis hermanos y

(Tantas lágrimas empapan el texto) mis amigos. 


III.
Será tinta negra, pura tinta iluminada y ardiente

                  lo que vean los siglos futuros en mi nombre y obra.

En Arte me he convertido. Hecho de genes: en letras.  Mi saludo.


Epílogo. El Aliento.

Sea esta recombinación mi testamento. 

Y quédese aquí mi aliento.


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       Nota del editor.- Mucho se ha comentado sobre esta pieza. Resultaría fútil comentarla en esta edición de nuevo cuando existe ya el monográfico definitivo sobre ella escrito por Hellen Gardner (Oxford University Press). En un manuscrito comentado por Solyen se ve que la primera redacción de esta pieza hablaba de los lectores muertos que le leerían en el futuro. Se ve que nuestro autor cambió de idea, borró esas palabras y decidió quedarse (como siempre) solo con su soledad. La influencia de las Soledades de Göngora en nuestro autor es manifiesta, sobre todo al final de su vida. Con el paso de los siglos, es verdad, la presente pieza ha sido interpretada como trágica (siglo XXI), metafísica (siglo XXII) o como lírico-filosófica (en el nuestro). Hoy en día, es evidente el naturalismo que la embarga y su sonrisa irónica. Me pone los pelos de punta cada vez que soy consciente de lo que dice esta pieza en la primera versión de nuestro autor, pero procuro no pensar mucho en ello. Quiero decir que a pesar de nuestra atracción por su obra, lo mejor es no ir más allá del texto pretendido y quedarnos con el auténtico o conservado de forma definitiva para su publicación. Porque aunque la intención de la versión primera fuera esa, el autor la eliminó; además, ¿quién es aquel que puede afirmar con gusto y placer que habla constantemente con muertos? Y sin embargo eso es precisamente lo que hacemos cuando leemos a nuestros autores preferidos con los que nos identificamos y de los que aprendamos a vivir. Son nuestro aliento, nos alientan, nos enseñan un modelo, un ejemplo de vida personal a la que nos acercamos por evidente comunidad de carácter y forma de pensar. Somos multitud en soledad, sin duda. Cierto. Ocurre igual cuando recordamos a nuestros seres queridos que ya no están con nosotros. Los juegos malabares de la memoria, esa traidora siempre. Nunca fui un filósofo. Lo mío es la filología, de modo que quédese aquí mi glosa. Camarero, tráigame otro café. Y cóbrese los tres. 




2 comentarios:

  1. fluyendo hacia la madre de la escritura; buen viaje llega a puerto sangriento, malagueño Mena

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  2. Y un café para mi también.

    Formidable texto. Se lee y relee ahondando la tristeza de los siglos.

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