La fiebre de las palabras


Fever. Fiebre de amor por la palabra, por la palabra fuerte, por la palabra amada, por el verso de Blake como por el Götz von Berlichingen de Goethe; Claudio no hace retórica, en sus palabras no hay dogma, solo fiebre que genera endorfina, memorias y olvidos que se alimentan y se desnutren; se escribe por necesidad de afecto y se escribe por resistir. La palabra es causa y efecto, es la ley de Murphy y el efecto mariposa, es cruz y delicia, la palabra es piedra y arena, barro y seres humanos. Metamorfosis esencial. Fiebre útil en defensa del cuerpo…

La poesía, el tango y los gringos, los inmigrantes y la familia, como también el futbol, la fiesta (la infaltable fiesta boliviana, la que reúne y desinhibe…), el cine y la cocina, el rock y el boxeo, los amigos, en fin, la Historia, este confuso farrago de sucesos…fiebre de personajes y de momentos, la vida y la muerte.

Estamos hechos de nostalgias, escribe Claudio, nostalgia del ayer, nostalgia de amores perdidos, nostalgias del todo y nostalgias de la nada; lo que nos duele es siempre el presente, lo que duele no es el ayer, no es el mañana, lo que duele es el hoy. Mientras Claudio escribe. Las heridas de hoy, mañana serán las cicatrices de un diccionario infinito, de una enciclopedia borgeana de todas las Babel imaginarias, de todas las Alejandría imposibles. La fiebre de las palabras.

El hombre común, el hombre que nunca volveremos a ver en nuestra vida, el hombre de la tabaquería de Pessoa…los libros de los otros, los suyos, toda la comedia humana. No es literatura individualista, es literatura cargada de experiencia, de muchas experiencias, de lo vivido, de lo que entra con sangre y con sudor…tal vez también por eso se escribe poesía, se narran cuentos, se novela…el poeta se crea, se inventa o nace, o se educa.

La belleza es una paz feroz, es lo infinito inscribible; lo sublime es el Doriforo de Policleto, la palabra exuberante, es la poesía.

La fiebre sigue, la temperatura subirá y tendremos alucinaciones, la quimera encontrará al hipogrifo, el orden del caos tendrá su alfabeto imaginario y naufragaremos felices, en el mar de las bellezas, en la fiebre de las palabras.


Maurizio Bagatin, septiembre 2019

Contratapa de Fever de Claudio Ferrufino-Coqueugniot

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