Ya no importa (Los cuadernos de Maura)


Márcia Batista Ramos

. . . "yo soy el agonizante entre batallas, entre congojas,

entre banderas y fusiles, sólo, completamente sólo,

y lúgubre, sin editor, plagiado y

abandonado en

el abismo". 

Pablo de Rokha


La letra bien pareja y clara registró: “¿Por qué no eclosionas antes de terminar de marchitar? Mientras la masa madura. El sol calienta la tierra y seca la carne.”

Escribir fue la manera que ella encontró para amansar sus penas. Porque en los diferentes cuadernos, pese a la distancia de las fechas, se percibe su naturaleza nostálgica y el sentimiento atascado sobre la vida que no vivió. Es fácil percibir su voz transida de tristeza, pesadumbre, desilusión, durante y al final de su vida que siempre estuvo en la inminencia de explotar.

“Si soy como todo el mundo, ¿Quién como yo? La realidad sería mejor si no tuviera tanto realismo. En la cocina la caldera silba.”

Encuentro a cada página una receta de galletas y un poco de ella, casi escucho los latidos de su corazón… Sondeo su pasado y, por momentos, trato de escudriñar la vida de la mujer que supo guardar los suspiros y esbozar una sonrisa en cada instante del día o de la larga noche que era su existencia; siempre fue capaz de soslayar emociones subalternas, muchas veces soltando una risilla en público, pero jamás, derramando una lágrima de auto conmiseración.

Ella deja entrever que se escabulle del mundo para hacer sus anotaciones y después regresa a los quehaceres domésticos, pero en sus pequeñas huidas ella da cuenta de lo que está haciendo, porque no logra deslindarse, ni por un instante, de las obligaciones de ama de casa y piensa en la flor y en el pájaro al tiempo que piensa en hacer la colada o el almuerzo. Así, como quien derrama pequeñas porciones suyas, Maura escribe:

“Amo las palabras, las reconozco como entes llenos de privilegios porque pueden expresar emociones, las aprieto contra el pecho y caen a mi regazo y las acojo para guardarlas en un cofre, pues no puedo perderlas ya que son las únicas que pueden decir todo, cuando yo sigo callada. El polvo regreso a los muebles… La vida me parece ilusoria, no sé quién soy.”

La percibo intensa, organizada en su universo doméstico, lo que no es tarea fácil. Al tiempo que, ahoga sus ansias de huir del cotidiano que le confunde. Ella se siente prisionera, no propiamente de la vida doméstica, sino de sí misma y apunta:

“Son tantas tareas insignificantes, pero, esenciales para el bienestar de todos ellos. Me basta un vaso de agua para caminar por el desierto hasta encontrar el oasis de albahaca.”

“Me hubiese gustado nacer gitana y peregrinar por el mundo sin reloj y sin ventanas. Una carroza para el viaje y una carpa para cobijarme alguna mañana.”

“No puedo suprimir la banalidad irrenunciable de la vida, mientras las cebollas esperan mis lágrimas.”

La miro en el fondo desde su bella letra y releo frasecitas que surgen al medio del día de manera casual, medio desinteresadas… La observo por medio de sus anotaciones y trato de calzar sus zapatos que no entran en mis pies, porque yo grito y estallo como un volcán en erupción y no sé tragar sentimientos, ni sonreír por diplomacia. No puedo aproximarme a ella, ni queriendo. Porque Maura, sentía nostalgia y se veía abandonada, pero hacia un esfuerzo para no llorar, acariciaba la mejilla y anotaba algo en su cuaderno como:

“Después de todo descubrí que estamos sentenciados a la muere y no importa cual el color de las cortinas, si combina con las almohadas si le gusta la sopa de huesos.”

“Pronto acabara la pena. Todos se fueron y no habrá nadie al borde de mi lecho cuando mi cuerpo haga su última expresión de vida. Después vendrá alguien para quemar mis cuadernos. ¿Quién? ¡Ya no importa!”

Publicar un comentario

0 Comentarios