La serpiente se descuera y reaparece el clavel del aire, la planta que cuelga de los cables siniestro de las calles oscuras. Levanta un impalpable polvo este viento que parece resucitar en septiembre, y lo hace anunciando sequedad. Hay algo definido en los lugares, llenos de espacio y de tiempo, donde recorremos los cotidianos pasos. De esta anunciada sequedad recuerdo aquella de diez años atrás, el año de la gran sequedad lo habíamos llamado. Avanzaban los incendios por toda la Amazonia y la ciudad de cemento se la festejó con una espantosa hoguera. Bochorno de septiembre y de muerte.
El piano melancólico de Ludovico Einaudi es como el cielo en estas mañanas de septiembre, azul turques hasta las diez de la mañana, luego se diluye con la evaporación de la urbe: contaminación y residuos de humo al horizonte con tentativos de surazos detrás de la cordillera. Los acuarelistas vallunos absorben en estas horas las metamorfosis del paisaje. El sol radiante de las mañanas y los verdes que inician a invadir jardines y parques. Una hora de piano, una mañana entera entre imaginarios y veleidades.
El algoritmo es colonialista. Invade, se instala y se perpetua. Parece que hoy hayan logrado aplicar estas distopias visionarias que eran solamente de los grandes narradores, de Wells, de Ballard, Orwell, Bradbury y Huxley. ¡Que atrevimiento! Ya Ermanno Olmi, director de cine que parecía salido de la tierra más fértil, decía que ahora vivimos secuestrados por quienes quieren continuamente vender algo, sea un producto o una idea. Tiangong Ultra es más veloz de Usain Bolt.
Entre dulzura y acidez también la uva este año será cosechada antes de su tiempo biológico. El vino será mas fuerte o mas dulce, ¿será vino con estas tierras desmineralizadas? El ultimo que me hicieron probar en mi tierra me enrizó el paladar de tanto sulfito que debía tener. ¡Cuídense en adquirir hortalizas, los informes dan por hecho que comemos más agroquímicos que minerales!
Cambia el piano, no es Beckett en tocar este instrumento armónico, aunque los días transcurren como un relato del irlandés: “Conduciré sin embargo mi historia al pasado, como si se tratara de un niño o de una fabula antigua, porque necesito esta noche otra edad, que se convierta en otra edad aquella en la que yo me convertí en lo que he sido”. Hoy fue así, mañana tal vez. Es Chopin en aliviar las penas, carcome la media luna en el cielo, acompaña la brisa del ocaso hasta arañar el sueño que apenas se ofrece cuando la calma se aproxima. Es la nocturnancia que descolora el pensamiento o reverdece la memoria, trasluciendo el delirio bucólico de una tarde valluna. Apenas perceptible, apenas reconocible, apenas cercano a la similitud que conservan Barry Lyndon con Julien Sorel.
Maurizio Bagatin, 4 de septiembre 2026
Imagen: Niña del gancho


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