19 de septiembre de 2017

Esta pesadilla. la historia (11)

Roberto Burgos Cantor

¿Qué resistencia pudo sostenernos, en años y años duros en los cuales parecía que logros modestos servían para indagar el mundo sin las ambiciosas aventuras de lo imposible y sí con la humilde constancia del poeta de Asís, dispuesto a ver lo infinito en lo pequeño?
Cada quien tendrá su historia, su fortaleza personal. De alguna manera una vida que, en sí, testimonia la decencia. Aquel deseo del griego: Alma mía no aspires a la inmortalidad, pero agota el campo de lo posible.
Nuestra tierra, país, territorio, jirones de nación, empezó a ser percibida distinta en el mundo. Ese mundo, que antes del proceso de resolver los tiros, oírnos, aprender la libertad de la verdad que empezamos a decirnos; nos despreciaba y se aprovechaba de las ruinas.
Ahora el severo ejercicio intelectual por buscar salidas al conflicto en medio de un dramático vacío de justicia, de leyes, en fin de Estado, mostró los valores dispersos que de vez en vez se iluminaron con logros en la ciencia, en las artes, en los deportes.
Por los interminables años de desgracia que acompañaron la cotidianidad de muchos, por ese estar ahí sin esperanza, es que hay regocijo y comprensión de lo que significa la entrega de armas de la guerrilla. El desfile de canoas y vapores por los ríos que antes fueron arterias de vacas ahogadas, árboles descuajados, cuerpos de vientre inflado con un gallinazo impasible, ahora cargados por combatientes que remplazaron sus armas, voz y gesto, amputación generosa que deja crecer otro miembro que potencia la fe, raíz de corazón desconocido.
En su lúcido desencanto lo reveló el poeta lituano, O.W de Lubicz Milosz: La decadencia de la fe manifiéstase en el mundo/ de la ciencia y del arte por un oscurecimiento/ del lenguaje.
Habrá que examinar todo. Los ingenuos disfraces para protegernos: los lentes de aviador y los redondos para recordar a Trosky; las botas de campana para acompañar a los Beatles; las chaquetas de marino en cubierta para proteger nuestra debilidad; la boina vasca; la cachucha bacana; las mochilas de Atanquez; las botas de Pasto.
Símbolos que cubrían nuestro desamparo.
Hoy, desnudos, con una vida que no se desperdició, nos vestiremos de futuro.
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Santuario

PABLO CINGOLANI -. 
Atrapar la luz del atardecer iluminando los cerros desnudos. Que esa luz sobreviva hasta el otro día. Que ese nuevo día te reciba iluminado con la luz del sol calentando a las piedras. Que las piedras de tanto sol, se rajen. Que de la rajadura de las piedras, sientas su olor. Que ese olor, ese olor inconfundible que sólo atesoran las piedras, te contagie.
Así, la vida. el olor de las piedras no se compara a ningún otro olor. Es la canción más antigua de todas: los ecos de un mundo nonato y etéreo a un mundo volcánico, en devenir y en convicción de serlo, en decisión y forja de mundo. Todos los mundos caben en esa inquietud, todos: los posibles, los imaginados, los desconocidos; los mundos que pudieron ser y que no lo fueron.
Todo el blues de los mundos, amarrados a una piedra: mejor dicho, al olor de esa piedra. Que calienta el sol, el sol que viene de las selvas, un sol húmedo y vivificador que ¡hace bailar a las piedras! Y las piedras bailan, bailan tanto, danzan sin parar, cada molécula de piedra, toda su piel y todo su corazón amurallado que, en su frenesí danzante, se rajan. De allí, de ese estallar de la piedra, surge su olor inclasificable y su virtud.
La virtud de una piedra. El hallazgo más clarificador de todos es encontrarlo. Acaso fuiste enseñado así: la virtud del cuchillo es cortar. Si un cuchillo no corta, no sería cuchillo. Es el principio de toda supuesta lógica: o sea, de todo el sentido y de toda la razón que se pretende anima al mundo, lo explica, lo justifica. Más claro: lo ampara. No hay mundo sin una idea del mundo. De ahí, de ese principio, nacen todas las guerras que enmadejan al cerebro, el caos neuronal se multiplica y colisiona, el racionalismo, la manzana de don Newton, y el nazismo, las ciudades, los semáforos, las computadoras. Batallamos siglos (nada) tratando de cascabelear a esa verdad: si no corta, no es cuchillo. Si no es ario, lo extermino. Si es palestino, igual.
La virtud de una piedra. Nadie te enseña. Algunos dirán: no es comunicable. Dime: ¿a quién le importan las piedras? Los racionales han dicho: las piedras, el reino mineral en el cual las han clasificado, es un mundo muerto, que sólo yace, un mundo no comunicable porque ellos, los minerales, pobres de ellos, no se comunican. ¡Válgame Dios si los que así fosilizan el orbe son los mismos que han vuelto al oro su valor vil y supremo! ¡El molibdeno cotiza en bolsa! Y luego te dicen que las piedras son inertes, que las piedras no saben, que las piedras no dicen nada.
La febril y despiadada disposición de los poderosos por anular todo vestigio de magia de nuestras vidas nos han encajonado en un espacio-tiempo donde se congela el magnetismo y el contagio y el ímpetu que cada piedra, por el simple hecho de ser eso, de ser piedra, es capaz de traspasarte. Ese magnetismo y ese contagio tienen que ver con la virtud de las piedras.
Insistimos, entonces. ¿Cuál es la virtud de las piedras? La virtud de las piedras, la virtud de cada piedra, es la fuerza.
La fuerza.
La fuerza: la energía comprimida de todos los mundos, los que habitamos y los que jamás conoceremos, pero que están ahí, concertados, compactados, conectados, en la forma, peso, textura, superficie, presencia y dignidad de una piedra.
La fuerza: toda la historia que conocemos, desde las cavernas y el fuego hasta las casas amontonadas de Katal Huyuk, desde las ciudadelas de Ur hasta las pantallas de los televisores y los teléfonos llamados inteligentes, toda la historia humana, toda, habita en una sola astilla de una sola piedra.
La fuerza: esa serenidad que sólo ellas, las piedras, poseen, y que es eso que sólo sobrevive más allá de la riqueza, de la maldita acumulación, más allá del poder, de su inconducente perpetuación, más allá de todas las tempestades que nos agitan.
La fuerza. La energía capaz de devolvernos paz, la paz de una piedra, la paz de cualquier piedra, la paz de todas las piedras.
Será por eso, digo, que cuando contemplamos una montaña aún sentimos que todo puede cambiar y que todo puede volverse bondadoso y que el mundo no es el sitio estéril al cual quieren acostumbrarnos.
Será por eso, por la virtud sin doma de las piedras, que un niño pudo vencer a un gigante. Será por eso, por la virtud inconmovible de las piedras, que piedra sobre piedra, se han construido las únicas realidades humanas que valen la pena anotar o añorar tawantinsuyanamente hablando.
Será por eso, por la virtud colmada de sensibilidad y gloria que poseen las piedras, que el poeta dijo una de las más puras de las verdades poéticas: con usura, nunca tendrás una casa de piedra. (Ezra Pound)
La otra gran verdad que nos develó la poesía es que, como ya te vine advirtiendo para que no me digas que deliro, es que las piedras se comunican, las piedras hablanpapá. Eso le dice Ernestito a su padre, caminando por el Cusco, según lo escribió ese gran mago llamado José María Arguedas en un libro que trata, de la manera más amable, la más humana y la más tierna, sobre las piedras.
El libro se llama Los ríos profundos.
Se llama así porque todas las piedras que ruedan y braman y aúllan, corriente abajo y sin retorno, componen la música del padre de todos los ríos: el Apu-Rimac, el Apurimac de los mapas, el Señor de las Aguas, y es casi como decir The Rolling Stones, y no es lo mismo, pero es igual.
Si en las aulas se lo leyera, estoy convencido: el mundo sería diferente. El mundo sería un santuario. Un santuario a la belleza, a la belleza irredenta, sin estéticas que la encorseten, la belleza pura y dura de la piedra: a la serenidad que devuelve paz, a la energía creativa sin mesura, a la fuerza perpetua de la virtud. Y en las piedras, en cada piedra, celebraríamos la majestad de ese mundo, el mundo que nos merecemos, un mundo sin usura y sin guerras, nuestro mundo, el mundo de las piedras, nuestras reinas olvidadas, nuestro amor más profundo, nuestra perdida grandeza.
Los hombres, en su soledad, miraron a las estrellas, miramos a las estrellas, allá arriba. Es momento de volver la mirada a las piedras, aquí, abajo, en la tierra. Las piedras. Tan próximas. Tan nuestras.

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Santuario

di Pablo Cingolani

(trad. Marcela Filippi)

Catturare la luce della sera che illumina le colline nude. Che quella luce sopravviva fino al giorno successivo. Che quel nuovo giorno ti accolga illuminato dalla luce del sole che riscalda le pietre. Che le pietre da tanto sole, si spacchino. Che dalla spaccatura delle pietre tu senta il loro odore. Che quell'odore, quell'odore inconfondibile che solo le pietre condensano, ti contagi.

Così, la vita. L'odore delle pietre non è paragonabile a nessun altro odore. E’ la canzone più antica di tutte: gli echi di un mondo non ancora nato ed etereo verso un mondo vulcanico, in divenire e con la convinzione di esserlo, mentre si modella in mondo. Tutti i mondi ci stanno in questa inquietudine, tutti: possibili, immaginati, sconosciuti; i mondi che avrebbero potuto essere e non lo sono stati.

Tutto il blues dei mondi, legato ad una pietra; meglio detto, all'odore di quella pietra. Che riscalda il sole, il sole che viene dalle foreste, un sole umido e vivificante che fa ballare le pietre! E le pietre ballano, ballano tanto, danzano senza sosta, ogni molecola di pietra, tutta la loro pelle e tutto il loro cuore murato nella loro frenesia danzante, si spaccano. Da lì, da quell’esplodere della pietra, sorge il suo odore inclassificabile, e la sua virtù.

La virtù di una pietra. La scoperta più chiarificatrice di tutte sta nel trovarla. Forse ti è stato insegnato in questo modo: la virtù del coltello è tagliare. Se un coltello non taglia, non sarebbe coltello. E’ il principio di ogni presunta logica: cioè, in ogni senso e ogni ragione che si pretenda animi il mondo, lo spieghi, lo giustifichi. Più chiaro: lo protegga. Non c'è mondo senza un’idea di mondo. Da lì, da quel principio, nascono tutte le guerre che annodano il cervello, si moltiplica il caos neuronale e collide, il razionalismo, mela di Don Newton, e il nazismo, le città, i semafori, i computer. Abbiamo lottato per secoli (nulla), cercando di tintinnare quella verità: se non taglia, non è coltello. Se non è ariano, lo stermino. Se è palestinese, ugualmente.

La virtù di una pietra. Nessuno ti insegna. Alcuni diranno: non è comunicabile. Dimmi: a chi interessa le pietre? I razionali hanno detto: le pietre, il regno minerale nel quale sono state classificate, è un mondo morto, giace solamente, un mondo non comunicabile perché essi, i minerali, poveri loro, non comunicano. 

Santo cielo se quelli che fossilizzano così l’orbe , sono gli stessi che hanno dato all’oro il suo vile e supremo valore! Il molibdeno si quota in borsa! E poi dicono che le pietre sono inerti, che le pietre non sanno, che le pietre non dicono nulla.

La febbrile e spietata disposizione dei potenti di annullare ogni traccia di magia dalle nostre vite, ci hanno incastrato in uno spazio-tempo in cui si congela il magnetismo, il contagio e l’impeto che ogni pietra, per il semplice fatto di essere tale, cioè di essere pietra, è in grado di trasferirsi. Quel magnetismo e quel contagio hanno a che fare con la virtù delle pietre.

Insistiamo, quindi. Qual è la virtù delle pietre? La virtù di pietre, la virtù di ogni pietra, è la forza.

La forza.

La forza: l'energia compressa di tutti i mondi, quelli che abitiamo, e quelli che mai conosceremo, ma che sono lì, concertati, compattati, collegati nella forma, peso, struttura, superficie, presenza e dignità di una pietra.

La forza: tutta la storia che conosciamo, dalle caverne al fuoco fino alle case addossate di Çatal Hüyük, dalle citta di Ur fino agli schermi di televisori e telefoni definiti intelligenti, tutta la storia umana, tutta, abita in una scheggia di una sola pietra.

Forza: quella serenità che solo loro, le pietre, possiedono, e che è solo quello che sopravvive al di là della ricchezza, il maledetto accumulo, al di là del potere , e la sua infruttuosa perpetuazione, al di là di tutte le tempeste che ci agitano.

La forza. L’energia in grado di restituirci pace, la pace di una pietra, la pace di qualsiasi pietra, la pace di tutte le pietre.

Sarà per questo -dico- che quando contempliamo una montagna sentiamo che tutto ancora può cambiare e che tutto può diventare bontà, e che il mondo non è il luogo sterile al quale vogliono abituarci.

Sarà per questo, per la virtù senza doma delle pietre, che un bambino riuscì a sconfiggere un gigante. Sarà per questo, per la virtù impassibile delle pietre, che pietra su pietra, si sono costruite le uniche realtà umane che vale la pena segnalare o a cui anelare tawantinsuyanamente parlando.

Sarà per questo, per la virtù colma di sensibilità e di gloria che posseggono le pietre, che il poeta ha detto una delle più pure verità poetiche: con l'usura, mai avrai una casa di pietra. (Ezra Pound)

L'altra grande verità che la poesia ci ha rivelato è che -come ti ho già avvertito in precedenza perché non mi si dica che sto delirando- le pietre parlano papà. Questo lo dice Ernestito a suo padre, mentre cammina in giro per Cusco, così come ha scritto quel grande mago di nome José María Arguedas in un libro in cui tratta, nel modo più gentile, più umano e più tenero le pietre. Il libro si intitola I fiumi profondi. Si intitola così perché tutte le pietre che rotolano, bramano, e ululano, giù a valle e senza ritorno, compongono la musica del padre di tutti i fiumi: l’Apu-Rimac, l’Apurìmac delle mappe, il Signore dell Acque, ed è quasi come dire The Rolling Stones, e non è la stessa cosa, ma è uguale. 

Se nelle classi lo si leggesse -sono convinto- che il mondo sarebbe diverso. Il mondo sarebbe un santuario. Un santuario alla bellezza, alla bellezza irredenta, senza estetiche che la limitino, la bellezza pura e dura della pietra: alla serenità che restituisca pace, all'energia creativa senza misura, alla forza perpetua della virtù. E nelle pietre, in ogni pietra celebreremmo la maestosità di questo mondo, il mondo che meritiamo, un mondo senza usura e senza guerre, il nostro mondo, il mondo delle pietre, le nostre regine dimenticate, il nostro amore più profondo, la nostra perduta grandezza. 

Gli uomini nella loro solitudine, guardavano le stelle, guardiamo le stelle lassù. E 'tempo di volgere lo sguardo alle pietre, qui giù, sulla terra. Le pietre. Così vicine. Così nostre

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Traducción extraída desde el blog SolMar, de la poeta, editora y traductora Marcela Filippi (http://intraduzionisolmar.blogspot.cl/2017/09/santuario.html?spref=fb)
Martedi, 19 settembre 2017
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18 de septiembre de 2017

Tormenta en la ciénaga


Miguel Sánchez-Ostiz

Asomarse estos días a las redes sociales equivale a tropezarse con una florida muestra de expresiones de desprecio, odio e irrefrenables ganas de dar un escarmiento a los catalanes secesionistas y de paso a los que no lo son, pero que no han formado en las filas castrenses del berrido patriótico permanente. Expresiones de violencia extrema que son a todas luces consentidas por los vigilantes de las redes y lo que para unos es motivo de multas y procesos judiciales, para otros es libertad de expresión plena. Así las cosas, resulta difícil reflexionar con algo de sensatez y no ceder a la tentación de arrimar bencina a un fuego ya muy vivo que amenaza con abrasar a quien a él se acerque. Estamos ante un paisaje de enfrentamiento social con una red de fosos y trincheras políticos que crece de día a día y que resultan poco menos que insalvables, como si no cupiera otra opción que alienarse con unos o con otros, y sobre todo que fuera obligatorio tomar uno de esos dos partidos por entero. Ya no es posible decir «Aquí no ha pasado nada» porque con referéndum o sin él, sí ha pasado, y si el Gobierno termina por suspender la autonomía catalana y emprender una campaña de detenciones en cadena, peor que peor. La vida política de un país entero va a quedar hipotecada.

Por su parte, el Gobierno avanza día a día medidas en contra del referéndum catalán, dentro y fuera de Cataluña, algo que en la práctica se va a convertir en un atípico, pero eficaz, estado de excepción de consecuencias imprevisibles. Con Constitución o sin ella, no creo que el gobierno central admita jamás el derecho a decidir llevado a la práctica. Que no se pueda debatir en público los asuntos referidos al referéndum catalán, a su oportunidad o al derecho a decidir, porque son de inmediato prohibidos por decisiones judiciales no puede menos que recordar a maneras dictatoriales de represión pura. Ahora mismo hay garantías judiciales que en la práctica están suspendidas a favor de una actuación meramente policial (calificada de «administrativa») que puede ser empleada en cualquier momento.

No hace falta ser muy lúcido para observar que la convivencia en este país si no está rota, sí se ha dañado de manera me temo que irreparable, salvo que por convivencia pacífica entendamos un estado de sometimiento, no a las leyes, sino al Gobierno de turno y a su ideología. La situación actual es la del agravio que no cesa, el nosotros y el vosotros excluyente, el patriota de ley y el resucitado representante de la «Anti-España» que merece en todo caso la muerte. No se ve más que una manera de ser auténticamente español: la del Gobierno; y no hay posibilidad alguna de proponer otro modelo de Estado que no esté condenado al fracaso político (por el juego de las mayorías parlamentarias) o a la represión, por la forma en la que el Gobierno ha ido cercando la disidencia política con leyes redactadas de manera expresa para ese fin. Todo ha sido válido, las leyes y su utilización judicial, y el juego sucio basado en montajes policiales para desprestigiar y hundir a los opositores políticos radicales, ya fueran políticos de Podemos o secesionistas catalanes.

Ahora mismo, entre la cerrazón y el autoritarismo de unos y el enrrocamiento de otros, el juego de las acusaciones mutuas, todo suena a echar un pulso y a sacar pecho, sin que parezcan importar las consecuencias políticas, sociales y económicas que puedan tener esas demostraciones de fuerza en la vida diaria, como si esta careciera de importancia y solo contaran las alturas políticas y financieras, y poco una ciudadanía reducida a peones. ¿Es posible ahora mismo un diálogo entre el Gobierno central y el catalán? ¿Sobre qué cuestiones y con qué objetivo? ¿Es renunciable el derecho a decidir o va a ser este el caballo de batalla de los próximos años? Que la posibilidad misma de reflexionar o manifestarse en público sobre este asunto esté prohibida es ya algo más que una amenaza cumplida: la muestra más patente de una política gubernamental represiva de mayor alcance.


*** Artículo publicado en los periódicos del Grupo Noticias y en el blog del autor, Vivir de buena gana, 17-IX-2017
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Fingimientos y desarraigos

Miguel Sánchez-Ostiz

Setenta y dos poemas, dieciséis años después de los últimos que publiqué. ¿Excrecencias autobiográficas? No, Fingimientos y desarraigos...

y «Un prólogo necesario».

Han pasado casi diecisiete años desde que publiqué un libro de poemas, La marca del cuadrante, que reunía todos libros publicados hasta entonces, además de algunos inéditos. En diecisiete años caben varias vidas. No es el mismo quien empezó a escribir estos poemas en una casa del valle de Baztan, que al final no fue la de la vida, y quien los acaba de reunir, en el mismo valle, en otro pueblo, sabiendo que está de paso. En este tiempo ha habido cambios de casa y varios viajes para mí importantes, y con ellos han cambiado los escenarios, los humores y las rutinas de vida; han fallecido ya muchos de los compañeros de ruta; los tiempos que parecían afables o cuando menos aceptables en lo público y en lo privado, se ensombrecieron de mala manera y eso creo que se nota mucho en lo que he escrito.

Nunca dejé del todo de escribir poemas. Hubo años en que solo escribí algunos versos sueltos, poemas que quedaron truncados; en otras ocasiones los poemas más acabados se fueron quedando a la espera de vete a saber qué, no sé si a causa de la desgana, la pereza o de ese insidioso sentimiento de que eran palabras prescindibles. Ahora, con tiempo de por medio, estimo que es distinto, por lo que tienen de testimonio de un recorrido vital.

Ajuste de cuentas hay en estos poemas, no voy ni a negarlo ni a esconderlo, pero sobre todo conmigo mismo, con empeños, afanes y grandilocuencias emocionales que han dado en poca cosa o en nada, y que en el momento de su escritura parecían poco menos que de vida o muerte. Pessoa está detrás de la primera parte del título, pero tampoco hace falta ser Pessoa para reparar en que no hay puesta en escena que no tenga algo o mucho de fingimiento, de máscara que esconde más que desvela, algo más que un lugar común. León Felipe por su parte, con unos versos de su poema «Qué lástima», está detrás de los poemas que hablan del desarraigo, ese camino que va del vivir en la que crees que va a ser la casa de tu vida y la certeza de que no tienes otra que el camino. Arraigo, desarraigo, puesta en escena, exabruptos, sí, conjuros, osadías, despropósitos, añoranzas, desahogos, burlas y exorcismos contra el desacuerdo con uno mismo que el paso del tiempo me hace ver que resultan a la postre ineficaces, por mucho poema que escribas.

El prólogo lo firme en Arraioz, en julio pasado, antes de salir de viaje para Bolivia, junto con unas cuantas notas finales aclaratorias de algunos de los poemas fundamentales del libro, que los sitúan en su momento y circunstancias.


*Publicado originalmente en el blog del autor, Vivir de buena gana (18/9/2017)
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11 de septiembre de 2017

Esta pesadilla: la historia (10)


Roberto Burgos Cantor

La experiencia de San Vicente del Caguán deja observaciones para las reflexiones futuras.
Entre ellas: agrupar por bloques de intereses u oficios a las delegaciones que durante muchos sábados hablaron en el escenario de la carpa. Industriales, comerciantes, desempleados, estudiantes, profesionales. ¿A quienes representaban? Esas audiencias fueron transmitidas.
Indagar, por qué, los maestros de ceremonia de la guerrilla, escoltaban armados a los ponentes desarmados.
Establecer qué se pretendía con el secuestro de una universitaria, hija del hoy ministro de Defensa, y el de un Senador del Huila, mientras se discutía el fin del conflicto.
Una vez, después de momentos críticos que terminaron por destrozar el proceso, un periodista preguntó a Marulanda la razón de ir armado a las reuniones. Respondió: es que esta gente no entiende sino a bala.
De ser así, había que rescatar las palabras expropiadas, devolverles su significado, y entonces hablar.
La guerra continúo su rumbo de muerte, doloroso, cruel, cada vez destruyendo más el sentido extraviado de lo humano.
La etapa que siguió, las tensiones entre un concepto de la autoridad, su límite moviéndose entre el fin y los medios, produjeron un clima difícil, conflictos entre los poderes públicos, extinción de las ideologías. Sacrificios, y a su amparo una corrupción que dejó a los ciudadanos inválidos de un norte moral.
En este paisaje de intolerancia, odios, griterías, decisiones judiciales contra funcionarios, el país se acercó al frío acerado del invierno de Estocolmo. Escuchó con diversas reacciones los viejos discursos, el tono bronco de unos, los reclamos inmemoriales. En medio del descreimiento y lo que cada quien sentía, una generación remozada que sabía oír, que contaba con agendas concertadas, que se exponía con transparencia al mundo.
Por primera vez, muchos nos dispusimos, en palabras del cineasta Stone, a liberarnos de las tiranías del ahora.
A dónde llegamos será el motivo del Baúl que sigue. Ayudar a comprender la vida que nos correspondió. Tanta violencia y sufrimiento desperdiciados.
Mi generación quería la lealtad de decir de dónde venimos. Qué somos, acaso.
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Esta pesadilla: la historia (9)

Roberto Burgos Cantor

Tal vez lo peor del ángel exterminador del narcotráfico consistió en que su espada, sus montañas de billetes, sus motosierras, sus hornos de incineración, lograron un monstruo: revolver sin límites ni dosis, la política, o los jirones que quedaban de ella, y todos las formas del crimen. Se trataba de un crimen que al destruir la conciencia, mostraba la desfachatez y la arrogancia.
En ese atolladero, una población exhausta lo único que esperaba, pobres y obnubilados de la religión, era recibir migajas, un hueso, de lo que derramaban los calderos y los sumideros del crimen, para iniciar una actividad económica. Un taxi. Una tienda. Un arma para servir de celador. Unos billetes para la vieja afición nacional: el agio, con su miserable potencialidad entre los desposeídos y los indefensos ante necesidades vitales.
No eran los únicos por cierto. Hubo bancos. Empresas. Y el ominoso servicio de desaparecer a quien me incomoda por razones ideológicas. Se convirtió en asunto de honor la tumba o la cárcel.
¿Qué se podía proponer a un país en tal postración?
Nadie quería saber más de prisiones seguras, de justicia sin rostro, de extradiciones, de bienes expropiados, de más muertes sin castigo, de policías especializados, de oficinas y sicarios.
Entonces, se volvió al empecinado anhelo de siempre: la paz, convivamos, tramitemos las diferencias sin eliminarnos.
Otra vez, como años antes Belisario Betancur, un candidato a la presidencia del partido azul, se la jugó a fondo. Convino conversaciones con el viejo guerrillero, Tiro fijo.
Fue una experiencia importante. Desde el momento de la sesión solemne de inicio cuando el abuelo Marulanda, con cortesías distintas, dejó su silla vacía. Lo esperaron, en vano, embajadores, escritores, periodistas, ministros, empresarios. Y nadie le preguntó el motivo de haber delegado, entre los estrategas de su ejército, entre los pensadores, para leer su mensaje, a un hombre de la alta Guajira quien a veces arrastraba la lengua. Caribe y lenguas.
Delimitar una zona de paz fue un acto arriesgado, también esclarecedor. Permitió seguridad a quienes se exponían y mostró procedimientos de la guerrilla. El ejercicio de esa autoridad impuesta con las armas era conservadora. Pagar las deudas. Respetar la mujer del vecino. Trabajar. A lo mejor era lo necesario para un país desarticulado.
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8 de septiembre de 2017

Mari, mari, peñi: por la aparición con vida de Santiago Maldonado, desde Bolivia


Pablo Cingolani

Por la aparición con vida de Santiago
Santiago amigo, Santiago nuestro, Santiago compañero
Te chuparon apoyando a los hermanos mapuches
Por la memoria de Cristina Lincopán, por el Lorenzo que sigue en la lucha
Por y para todos mis hermanos mapuches
Desde allí, te escribo
 
Por la aparición con vida de Santiago
Por su vida y por el territorio que es vida para los mapuches
Porque el estado argentino deje de ser genocida y los respete
Respete a mis hermanos, a mis peñis, a mis hermanos mapuches
Como lo que son. Nuestros paisanos los indios, todos hermanos, los hijos
Ejemplares de Nuestro Libertador San Martín
 
¡Mari, mari peñi, mari mari hermano!
¡Fuera Benetton, fuera Lewis de la Argentina!
¡Territorio y poder para los mapuches!
¡Mari, mari, peñi, mari mari, hermano!
¡Por una Argentina plurinacional donde todos
Podamos abrazarnos!
 
Los mapuches son tan argentinos como el mate
Como Gardel, como Evita y como Perón
Los mapuches no son sólo nuestros hermanos
Son nuestra madre y nuestra sangre primera
Son nuestra madre siempre y también nuestro padre
Cuando hubo que defender el horizonte de acechanzas
Ellos estaban ahí, ellos siempre estuvieron
Porque son la sangre, porque son la tierra
 
Mari, mari, peñi, mari, mari, Lorenzo
Nunca jamás los vamos a volver a abandonar
Ojalá que la desaparición forzada de Santiago
Cimiente eso: el lazo indestructible que nos debe unir
Por tus territorios, por tu dignidad, por tu memoria
Y por la aparición con vida de quien nos une más
Nos fortalece más, no deja que nos rindamos
 
Mari, mari, peñi, mari, mari, Santiago
Allí donde estés, estamos con vos
Allí donde te oculten, nosotros te vemos
Mari, mari, peñi, mari, mari, querido Santiago
O construimos una Patria para Todos
O no habrá una Argentina para nadie
Menos que menos para todos esos chupasangre
De los Benetton y de los Lewis
 
Fuera de Argentina, váyanse ahora
-que el gobierno los apaña-
Antes que los echemos a patadas
Como se merecen, pobres hijos de mil putas
De esa peste, esa vergüenza, llamada capitalismo
 
Mari, mari, peñi, mari, mari, argentino
Que vivís en las ciudades, que te obligan a comer
Todas las mentiras que difunden los medios
No les creas más, no los escuches más
Si vamos a construir una Patria de Verdad
Es con vos pero es también con los mapuches
Que son la sangre, la madre y el padre
De esa Nueva Argentina que nos merecemos todos.
 
Somos plurinacionales, o debemos ser. Somos argentinos:
Somos los hijos de San Martín y de Belgrano
Somos los hijos de Andresito y de Viltipoco
Somos los hijos irredentos de Túpac Amaru, de Katari y de Calfucurá
Somos los hijos amantes de Artigas y de Dorrego
Somos los hijos del Chacho y de Felipe Varela, nuestro padre inmortal
 
Somos argentinos, somos federales, somos montoneros
Somos irigoyenistas, somos peronistas
Somos mapuches, somos collas, somos guaranís
Somos todos ex combatientes de Malvinas
 
Somos argentinos. Todos somos Santiago Maldonado
Somos todos esa Patria Profunda
Aunque nos maten, aunque nos desaparezcan
Nosotros vamos a vivir, a resistir
Por esa Argentina por la que respiramos y combatimos
Por esa Argentina por la que nos hieren y nos laceran
Por esa Argentina que sentimos siempre nuestra
 
¡Mari, mari, peñi! ¡Mari, mari, argentinos!, ¡mari, mari, Argentina!
Abramos los ojos, abramos el corazón
Por Santiago, por los mapuches, por los mártires, por todos nosotros.

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La poeta Susana Quiroga me acaba de enviar -en devolución a mi escrito- un poema conmovedor dedicado a Santiago que transcribo:
 
 
A Santiago
 
 
No te conozco pero te conozco

no me miré en tus ojos blandos
pero observé la pasión noble
de tu mirada
por los otros
 
recordé mi llanto en la noche negra
del Belgrano
y en los hijos de esas madres
arrastrados por las olas del frío
esos hijos
que podrían haber sido los míos

no te conozco pero te conozco
 
y me pregunto
si no  vieron en tu rostro
el de sus hijos
en los ojos
el brillo de alas de gaviotas
el ansia del universo todo
 
no te conozco pero te conozco
 
tienes impresa en tu sonrisa
la ternura de los ideales
su candor apasionado
 
pero
ya te conozco
te ofrezco en mi pecho
un refugio para tu dolor que ya no es tuyo
 
es nuestro.
  
Susana Quiroga

Jujuy, 6 de septiembre de 2017.

Susana Quiroga
 
 
Eso es poesía, lo mío no: es puro testimonio. Y porque sintiendo el poema de Susana, advertí una omisión imperdonable, vuelvo a enviar mi escrito incluyendo entre sus líneas a los heroicos ex combatientes de Malvinas que, como los mapuches, son mis amigos, mis hermanos y mis compañeros. Esta corrección va dedicada al soldado Casco, al Julito, al Rada, al Tierno, a todos los ex soldados combatientes de Malvinas con los cuales conmemoramos los 25 años de la guerra aquí en Bolivia. Va también esta corrección dedicada al Pepe Ciotta y a los hermanos Qom que vinieron hasta La Paz con esa delegación.
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